En una reciente cumbre celebrada en Bruselas, varios ministros de Asuntos Exteriores de países europeos miembros de la OTAN han manifestado su frustración hacia Rusia, acusando a su presidente, Vladímir Putin, de obstaculizar los esfuerzos de Estados Unidos para alcanzar un alto el fuego en el conflicto de Ucrania. A pesar de múltiples conversaciones entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y Putin, la Casa Blanca ha comenzado a dudar del compromiso del líder ruso con una solución pacífica. La negativa de Putin a aceptar una propuesta de alto el fuego general de 30 días, que contaba con el apoyo de Kiev, intensificó estas preocupaciones, ya que la respuesta rusa se limitó a una tregua parcial y a la imposición de condiciones consideradas inaceptables.
El malestar se ha manifestado en fuertes declaraciones públicas durante la cumbre. El ministro británico de Exteriores, David Lammy, acusó a Putin de perpetuar la violencia en Ucrania al no cesar los ataques contra la población civil y las infraestructuras clave. De igual forma, la ministra alemana Annalena Baerbock tildó las promesas de negociación de Putin como «vacías», criticando al líder ruso por su actitud dilatoria. Jean-Noel Barrot, responsable de la diplomacia francesa, insistió en que Moscú debe ofrecer una pronta respuesta a la propuesta de mediación de EE.UU., una opinión respaldada por la ministra canadiense Melanie Joly, quien sugirió establecer un plazo para dicha respuesta. Estos comentarios reflejan una creciente presión internacional sobre Rusia para que adopte medidas concretas hacia la paz en la región.
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