El Gobierno de Estados Unidos está ultimando la repatriación de más de 600 niños guatemaltecos que llegaron al país sin compañía y actualmente se encuentran bajo custodia de las autoridades. Fuentes cercanas al proceso han confirmado que la Administración de Donald Trump está desplegando iniciativas para devolver a estos menores a su país de origen, un gesto que se enmarca dentro de una calificación de «repatriación voluntaria», aunque muchos cuestionan si los niños son realmente capaces de comprender las implicaciones de su regreso. Hasta julio, el Departamento de Salud y Servicios Humanos tenía bajo su custodia a un total de 2,198 menores no acompañados, aunque no se revelan sus nacionalidades específicas.
La repatriación no solo plantea dilemas éticos, sino también retos legales, relacionados con el Acuerdo Flores de hace tres décadas, que limita la detención de menores indocumentados a 20 días. Este acuerdo, actualmente supervisado por un tribunal federal en Los Ángeles, exige que se garantice la seguridad y el bienestar de los niños, algo que se ha convertido en un punto de tensión en las políticas de inmigración del Ejecutivo. La Administración Trump ha mostrado su intención de modificar o eliminar este pacto, un objetivo que podría complicar aún más el proceso de repatriación en un contexto ya de por sí complejo en la frontera.
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