El Departamento de Energía de Estados Unidos ha dado un paso significativo en la consolidación de su papel en la vanguardia tecnológica global. Al identificar 16 emplazamientos federales para la construcción acelerada de centros de datos, el DOE se propone establecer una base sólida para la infraestructura avanzada dedicada a la inteligencia artificial (IA) y la supercomputación. Con lugares listos para desarrollar hasta 1.000 MW de capacidad operativa, la iniciativa busca potenciar el progreso en estas áreas antes de que culmine el 2027.
En una reciente Request for Information (RFI), el DOE ha solicitado el interés del sector privado para invertir en estos terrenos. Muchos de estos emplazamientos se encuentran junto a infraestructura energética ya existente y se beneficiarán de procesos de permisología ágiles destinados a integrar nuevas fuentes de energía, como la nuclear o el gas de ciclo combinado.
El proyecto, que responde a directrices ejecutivas del entonces presidente Trump, tiene la finalidad de «eliminar barreras para el liderazgo estadounidense en IA» y «liberar el potencial energético nacional». Estos esfuerzos, alineados con una orientación estratégica a nivel federal, aspiran a garantizar que Estados Unidos permanezca en la cúspide del desarrollo tecnológico global.
Algunos de los lugares seleccionados incluyen el Argonne National Laboratory en Illinois, con una parcela de 110 acres preparada para un parque de datos de 1.000 MW, y el Brookhaven National Laboratory en Nueva York, donde se contempla un centro de datos apoyado por una planta de 750 MW. Otros emplazamientos notables son el NREL Flatirons Campus en Colorado y el Princeton Plasma Physics Laboratory en Nueva Jersey, cada uno preparado para significativos avances en infraestructura.
Los trabajos en Los Alamos National Laboratory también están en marcha, con actualizaciones a su Strategic Computing Complex, que tiene actualmente 70 MW de capacidad para HPC e IA, con una posible expansión de 100 MW adicionales mediante nuevas tecnologías energéticas.
La analogía con el Proyecto Manhattan resuena en las declaraciones del secretario de Energía, Chris Wright, quien afirma que la carrera por la IA simboliza una nueva era de innovación con las bases de los laboratorios nacionales como epicentros clave. Michael Kratsios, de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, respalda esta postura al subrayar la liberación de recursos federales para el desarrollo de centros de datos necesarios en un contexto impulsado por la IA.
Este enfoque coordinado entre sectores de defensa, energía y tecnología recuerda los grandes programas de mediados del siglo XX, pero ahora con un enfoque claro en la infraestructura digital crítica. El gobierno está construyendo las bases para continuar con su liderazgo y asegurar que Estados Unidos se convierta en el epicentro global de la computación para IA, prescindiendo de capitales extranjeros y de cadenas de suministro potencialmente inestables.
Con un plazo de 30 días para que las empresas respondan al RFI, se avecina una oleada de iniciativas público-privadas. Este despliegue de grandes centros de datos en suelo federal simboliza no solo un esfuerzo por consolidar la posición estadounidense en el ámbito de la inteligencia artificial, sino también un claro guiño hacia el futuro del liderazgo tecnológico del país. La partida apenas comienza.