
Estados Unidos ha intensificado su control sobre los dispositivos tecnológicos disponibles en su territorio, centrándose ahora en los routers de uso doméstico. Este movimiento sigue a las restricciones impuestas previamente sobre los drones extranjeros y responde a preocupaciones crecientes sobre la seguridad, especialmente en relación con posibles vulnerabilidades que podrían ser explotadas por hackers o gobiernos de otros países. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) ha prohibido la autorización de nuevos routers fabricados fuera del país, una medida que se basa en directrices de seguridad nacional instauradas durante la administración de Donald Trump.
Este endurecimiento de las regulaciones no afecta a los routers ya en uso, ni a aquellos previamente aprobados por la FCC, que seguirán disponibles en tiendas. Sin embargo, se limita la entrada al mercado de nuevos productos, forzando a los fabricantes a adaptarse a las nuevas restricciones. Las empresas tendrán que demostrar que sus dispositivos son seguros y que cuentan con planes de fabricación dentro de Estados Unidos para obtener permisos especiales, o de lo contrario, se verán obligadas a cesar sus ventas en el país. Esta decisión surge ante temores sobre la cadena de suministro, impulsados por incidentes previos en los que routers han sido utilizados en ciberataques significativos.
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