Hace una década, en la vibrante Copacabana, un edificio art déco se convirtió en el epicentro de una protesta política audaz. Desde su azotea, colgaba una colosal pancarta de 28 metros que, con letras blancas sobre fondo negro, gritaba un contundente «Fora Cunha». Esta manifestación pública y visible era dirigida al entonces presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Eduardo Cunha, quien había sido instrumental en el inicio del proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff, del partido de Luiz Inácio Lula da Silva. Irónicamente, sin embargo, poco después, Cunha mismo se encontró atrapado en la red de corrupción que operaba en el país, terminando tras las rejas. En aquellos días turbulentos, carteles de protesta poblaban las ventanas de muchas ciudades brasileñas, pero ninguno tan imponente como el que ondeó desde ese icónico edificio.
El edificio, que se encuentra en el corazón de una nación dividida, fue más que un simple bloque de concreto; representó la voz de los indignados ante la corrupción que permeaba las altas esferas del gobierno. Ângela Valério, residente del edificio, fue testigo de esos días cargados de tensión. En su cotidiano caminar por el pasillo de su hogar en Copacabana, el inmueble se mantiene como un símbolo de resistencia y de la lucha por la transparencia y la justicia. Los eventos de aquella época dejaron una huella indeleble en el paisaje político y social de Brasil, capturando la esencia de un país que se encontraba, y en muchos sentidos aún está, batallando consigo mismo para encontrarse y sanar sus heridas.
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