
La presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han aceptado la invitación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para unirse a su controvertida Junta de Paz. Esta iniciativa ha atraído principalmente a naciones con políticas proestadounidenses, como Albania y líderes que admiran a Trump, incluido el argentino Javier Milei y el húngaro Viktor Orbán. Los países que necesitan apoyo diplomático y militar, como Marruecos, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, también han mostrado interés. Sin embargo, algunos países han manifestado su negativa a pagar la elevada suma para asegurar un asiento permanente en el grupo, cuya inauguración oficial se llevará a cabo en el prestigioso Foro de Davos.
La Junta de Paz, presentada inicialmente como supervisora del alto el fuego en Gaza, ha evolucionado hacia una especie de club privado con la perspectiva de funcionar como una ONU paralela. Trump ostenta amplios poderes dentro de este organismo, lo que incluye decidir sobre los participantes y la agenda de las reuniones. Aunque la Casa Blanca ha invitado a 60 líderes mundiales, países como Italia, Suecia, Noruega y Francia han rechazado unirse, lo que llevó a Trump a lanzar amenazas arancelarias contra productos franceses. Mientras tanto, potencias como Rusia y España todavía evalúan su posible participación, esta última consultando con sus socios y aliados antes de emitir una respuesta definitiva.
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