
El atentado terrorista en Bondi Beach, Sídney, dejó un saldo trágico de 16 víctimas fatales, entre las que se cuenta uno de los agresores. Según informes de las autoridades australianas, los atacantes habían cargado su vehículo con explosivos caseros y llevaban banderas del Estado Islámico. Se ha revelado que, durante noviembre passado, los perpetradores, Sajid Akram y su hijo Naveed, realizaron un viaje a Filipinas, donde podrían haber recibido entrenamiento militar. Aunque esta última posibilidad está bajo investigación, el sur de Mindanao, donde se presume que se alojaron, es conocido por ser un refugio de grupos islamistas radicales vinculados al Estado Islámico.
Las autoridades australianas han descartado la participación de otros cómplices en el ataque y consideran que los tiradores actuaron como «lobos solitarios», impulsados por la ideología del ISIS. El mayor de los agresores falleció a consecuencia de los disparos policiales, mientras que su hijo fue hospitalizado tras ser sometido a reanimación cardiopulmonar. Aunque Sajid Akram poseía sus armas legalmente gracias a una licencia de caza, este hecho ha llevado al gobierno australiano a plantear medidas más estrictas sobre la tenencia de armas. El caso sigue en desarrollo y las autoridades están en alerta ante la posibilidad de otros vínculos con el terrorismo.
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