El aumento de las temperaturas durante el verano provoca un notable incremento en las ventas de agua embotellada, un producto cuyo envase pertenece, en su mayoría, al plástico. Este material, aunque resulta económico, es un grave problema ambiental por su duración en el ecosistema y su capacidad para contaminar tanto entornos terrestres como marinos, especialmente cuando se utiliza de forma desechable. Ante esta situación, muchas marcas aseguran que sus envases son «100% reciclables o reciclados», una afirmación que, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), carece de evidencia científica y puede considerarse como «greenwashing», ya que la tasa de reciclaje de botellas de plástico se sitúa en torno al 55% en la Unión Europea.
La OCU ha criticado que las afirmaciones de reciclabilidad y el uso de imágenes de naturaleza en estos envases son engañosas, ya que gran parte de estos plásticos no vuelve a convertirse en botellas. Este asunto ha llevado a la Organización Europea de Consumidores (BEUC) a presentar una denuncia ante la Comisión Europea, buscando investigar las afirmaciones comerciales engañosas de los fabricantes. Como alternativa, la OCU recomienda el consumo de agua del grifo, más económica y con un menor impacto ambiental, sugiriendo que, en comparación, una familia de cuatro personas gastaría casi 100 veces más al optar por agua embotellada.
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