Recorrer el casco histórico de Cáceres, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1986, es embarcarse en una travesía a través de más de dos mil años de historia. La ciudad, con su muralla romana del siglo I y sus calles empedradas, ha sido testigo del paso de muchas culturas, desde los romanos hasta la convivencia de judíos, musulmanes y cristianos. Cáceres disfruta de un legado multicultural que hoy en día se celebra y promueve a través de diversas actividades turísticas. La ciudad monumental, defendida por sus históricos arcos y puertas, como el Arco de la Estrella y el Arco del Cristo, ofrece un recorrido por la Judería Vieja y más, evidenciando la rica historia sin perder la esencia de las viviendas tradicionales. A su vez, la ciudad destaca por sus palacetes testigos de su pasado nobiliario, importantes vestigios arqueológicos en el Museo de Cáceres, y la presencia de la renombrada Casa Museo Árabe Yusuf Al-Burch, entre otros.
Cáceres es una mezcla de tradición y modernidad que se refleja no solo en su arquitectura y eventos culturales, sino también en su escena gastronómica. En la Plaza Mayor, un punto neurálgico de la vida local, los visitantes pueden disfrutar de productos regionales y delicias extendidas en sus aterciopeladas taperías. Además, el recorrido por sus calles permite a los viajeros encontrarse con auténticos tesoros como el Palacio de los Golfines y la estatua de San Pedro de Alcántara en la concatedral de Santa María. Cáceres también se abre al mundo contemporáneo a través del Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, que alberga una destacada colección de obras internacionales. Para terminar el día, lugares como el restaurante MANĀ y El Corral de las Cigüeñas completan la oferta con gastronomía moderna y un ambiente animado, destacando a Cáceres como un destino que combina tradición y vanguardia.
Leer noticia completa en El Pais.