Madrid vive al compás de su red de transporte público, con el Metro de Madrid destacándose como un elemento vital para la movilidad de miles de residentes y turistas. Con más de 300 estaciones distribuidas a lo largo de 295 kilómetros, este sistema ofrece una manera rápida y eficiente de conectar diversos puntos de la capital española. La responsabilidad de nombrar estas estaciones recae en la Comunidad de Madrid, que selecciona los nombres basándose en criterios que van desde la ubicación geográfica hasta figuras históricas y monumentos emblemáticos. Además, los nombres propuestos deben cumplir con ciertas normativas, asegurando que no sean ofensivos o contrarios al orden público.
Detrás de cada nombre de estación se esconde una historia única que refleja el pasado y presente de la ciudad. Ejemplos como «Embajadores», que recuerda a los emisarios del siglo XV afectados por la peste; «Lavapiés», vinculado al legado judío de la ciudad; y «Callao», nombrada en honor a una batalla naval, ilustran la rica herencia cultural y social de Madrid. También existen estaciones como «Sol», cuya denominación proviene del siglo XVI y está asociada con eventos históricos de la revuelta de los comuneros. Para aquellos interesados en ahondar más en estos relatos, se recomienda la lectura de «Metro de Madrid: ¿Por qué sus estaciones se llaman así?», donde el periodista José Felipe Alonso Fernández-Checa explora el origen y significado detrás de las 302 paradas que conforman este icónico transporte.
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