
Durante una reciente jornada de pruebas en los alrededores de Barcelona, se presentó el nuevo Mazda CX-5, un SUV que busca evolucionar sin reinventarse, manteniendo una fórmula exitosa que ha vendido cinco millones de unidades desde su lanzamiento en 2012. La tercera generación del modelo ha crecido en dimensiones, aumentando su longitud en 115 milímetros, lo que se traduce en un mayor espacio interior y un maletero ampliado a 583 litros. Las mejoras en las plazas traseras, que ahora ofrecen más espacio para las rodillas y la cabeza, así como puertas más anchas que facilitan la entrada, refuerzan su orientación hacia las familias.
En términos de tecnología, el nuevo CX-5 incorpora una pantalla central que puede llegar hasta las 15,6 pulgadas, junto con un cuadro digital de 10,25 pulgadas en las versiones más avanzadas. Sin embargo, la eliminación casi total de botones físicos ha sido objeto de críticas, ya que obligan al conductor a interactuar más con la pantalla mientras conduce. En el aspecto mecánico, el CX-5 estrena un motor 2.5 e-Skyactiv G de 141 CV, que proporciona un rendimiento adecuado para el uso diario, aunque se siente algo perezoso en situaciones que requieren más potencia. El precio base de 35.200 euros se reduce a 30.995 euros con descuentos actuales, lo que lo posiciona competitivamente en su segmento al mejorar su equipamiento y tecnología respecto a la generación anterior y ajustando su precio.
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