
El uso de los sistemas operativos Windows 10 y 11 implica no solo una interacción con las herramientas informáticas, sino también el intercambio de información con Microsoft. La compañía justifica esta recopilación de datos al señalar que facilita la mejora de la experiencia del usuario, garantiza la seguridad del sistema y permite la personalización de servicios. Sin embargo, esta situación plantea interrogantes sobre cuáles son los datos que se almacenan, cómo se utilizan y qué control tiene el usuario sobre este proceso.
Windows categoriza la información en dos tipos: datos de diagnóstico requeridos y datos de servicio requeridos. Los primeros incluyen datos básicos del dispositivo y su rendimiento, mientras que los segundos abordan aspectos más específicos como la protección del dispositivo y las funcionalidades del sistema. Aunque algunas informaciones son imprescindibles para el funcionamiento del sistema, también existen datos opcionales que los usuarios pueden decidir no compartir. Para ejercer este control, es posible acceder a la configuración de privacidad y desactivar la opción de «Enviar datos de diagnóstico opcionales».
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