Hace 41 años, un trágico incendio se cobró la vida de 82 personas en lo que se recuerda como una de las peores catástrofes en la historia reciente. El siniestro fue provocado por un cortocircuito que rápidamente desató las llamas, tomando por sorpresa a las víctimas y dificultando las labores de rescate. El incidente dejó una marca indeleble en la comunidad, subrayando la importancia de las medidas de seguridad en edificios y locales públicos.
Las autoridades y los servicios de emergencia enfrentaron enormes retos para controlar el fuego y asistir a las personas atrapadas. A raíz del desastre, numerosas reformas y reglamentos de seguridad fueron implementados para prevenir futuros incidentes. La tragedia, con sus devastadoras consecuencias, sigue siendo un sombrío recordatorio de la vulnerabilidad ante incendios y la necesidad de mantener estrictas normas de prevención y respuesta eficiente.
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