En la Franja de Gaza, la llegada de las primeras lluvias invernales ha agudizado la situación crítica de la población desplazada tras dos años de ofensiva israelí. Más de dos millones de residentes, ahora en su mayoría refugiados en campamentos improvisados con tiendas de campaña precarias, enfrentan las inclemencias del tiempo, exacerbando la ya difícil situación humanitaria. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) reporta que 13,000 familias han sido afectadas directamente por las inundaciones recientes, exponiendo a la población al riesgo de enfermedades como el síndrome de Guillain-Barré. Las constantes lluvias no solo han arrastrado las tiendas de campaña, sino también han afectado la infraestructura de saneamiento ya deteriorada por los bombardeos, empeorando las condiciones de salubridad.
Paralelamente, mientras se mantiene una tregua frágil, las limitaciones en el acceso a suministros humanitarios esenciales continúan siendo un impedimento significativo, complicando la llegada de recursos vitales para la población desplazada. La propuesta de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, impulsada por Estados Unidos, con un plan que incluye la creación de una «Junta de la Paz» presidida por Donald Trump, busca abordar el conflicto, pero enfrenta resistencia tanto de las facciones palestinas como de varios países árabes. En Cisjordania, los ataques de colonos israelíes a los habitantes palestinos han incrementado, registrándose un número récord de incidentes violentos en octubre. En medio de tormentas invernales y conflictos políticos, Gaza se enfrenta a un invierno que amenaza con replicar los estragos del anterior, con la muerte de civiles vulnerables, incluidos niños, que no encuentran amparo en medio de la devastación.
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