La coyuntura política venezolana atraviesa un período de «estabilización» tras la captura de Nicolás Maduro, quien enfrentará un juicio en Nueva York, lo que ha permitido a Delcy Rodríguez asumir la presidencia en un contexto lleno de tensiones internacionales. En sus primeras acciones, Rodríguez ha optado por realizar cambios estratégicos en su gabinete, priorizando la lealtad y experiencia dentro del madurismo para reforzar el liderazgo chavista en el país. Entre los nuevos nombramientos, Juan Escalona, conocido por su cercanía con el expresidente, ha sido designado como ministro del Despacho de la Presidencia, mientras que el antes encargado de esta función, Aníbal Coronado, ahora encabeza la cartera de Ecosocialismo. Este ajuste en las altas esferas del gobierno se produce en medio de una reconfiguración paulatina del chavismo, intentando mostrarse cohesionado pese a las recientes sacudidas políticas.
En paralelo, Delcy Rodríguez ha manifestado que las relaciones con Estados Unidos están encaminadas hacia una negociación, aunque sin aceptación de tutelaje externo. Este discurso se enfrenta a declaraciones de Donald Trump, quien ha insinuado que tiene un papel determinante en el control sobre Venezuela. Mientras tanto, la oposición, liderada por María Corina Machado, busca apoyo internacional, presente en su reunión con el Papa y la próxima visita a Trump en la Casa Blanca. La confianza de empresas petroleras internacionales parece depender de la estabilidad política, factor que condiciona futuras inversiones en el país. En este ambiente de negociaciones, Estados Unidos ha anunciado la compra de 50 millones de barriles de petróleo al chavismo, una movida estratégica que, según ambos lados, ya estaba orquestada bajo el mando de Maduro. Sin embargo, la captura del mismo ha avivado especulaciones respecto al futuro político-administrativo de Venezuela.
Leer noticia completa en El Pais.
