El fenómeno conocido como «dientes de sierra» describe las fluctuaciones climáticas caracterizadas por alternar períodos de sequía extrema con lluvias torrenciales. Este patrón ha sido objeto de estudio por meteorólogos y científicos debido a su impacto devastador en la agricultura y los ecosistemas. El nombre proviene de la representación gráfica de estos ciclos, que muestra picos y valles similares al perfil de una sierra. En regiones con clima mediterráneo o semiárido, donde el cambio climático ha intensificado estas variaciones, las consecuencias son más evidentes: prolongadas sequías seguidas por tormentas intensas que resultan en inundaciones impredecibles. Los sistemas atmosféricos, junto a fenómenos como El Niño y La Niña, juegan un papel crucial en esta bipolaridad climática al influir en la presión atmosférica y la circulación del aire.
Los «dientes de sierra» tienen profundos efectos en la vida humana y el entorno natural. En la agricultura, las sequías prolongadas afectan gravemente a las regiones que dependen del cultivo de secano, agravando la situación económica y social de los pobladores locales. Las lluvias intensas, por otro lado, no logran ser absorbidas adecuadamente por el suelo, causando inundaciones que destruyen infraestructuras y viviendas, además de arrastrar tierras agrícolas fértiles. Los ecosistemas naturales también sufren, ya que las fluctuaciones climáticas extremas alteran los ciclos de vida de numerosas especies, provocando pérdida de biodiversidad. Para mitigar el impacto de los «dientes de sierra», se proponen acciones que van desde la construcción de infraestructuras resilientes y prácticas agrícolas sostenibles hasta la lucha contra el cambio climático a nivel global, mediante la reducción de gases de efecto invernadero y la transición hacia energías renovables.
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