Xu Xin, una empresaria de origen chino, junto a las venezolanas Yoli y Valia, se enfrenta a las secuelas de la inundación que devastó Paiporta, donde su bazar fue uno de los más afectados. Tras siete días de intensas tareas de limpieza y recuperación de inventario, Xu Xin y su equipo aún lidian con las pérdidas ocasionadas por el agua y los saqueos. La inundación ha sacado a relucir la vital contribución de la comunidad migrante en Paiporta, que compone entre el 5% y el 12% de la población en las áreas afectadas, según el Instituto Nacional de Estadística. Esta comunidad, ejemplificada por la resiliente maliense Adia Nomoko, es hoy central en la reconstrucción del poblado. Adia, quien vivió momentos de terror durante la riada, agradece que sus hijos estaban a salvo en casa, siguiendo sus instrucciones de no salir a la calle.
A medida que los pueblos valencianos afectados comienzan a retomar una semblanza de normalidad, persiste una sensación de desplazamiento entre los migrantes. Historias como la de Tatiana Padilla, una ecuatoriana que antes del desastre había encontrado en Paiporta el lugar ideal para establecerse, ponen de relieve un vínculo emocional ahora amenazado por la devastación. Otros, como Valia Sicilia, enfrentan el desafío de relocalizarse después de que sus hogares fueran catalogados como inhabitables. En tanto, personas como Carlos Melgar de Alfafar se esfuerzan por restaurar lo que parece irrecuperable, mientras mantienen el ánimo en medio de las pérdidas. Incertidumbre y falta de información aumentan la frustración en comunas como Algemesí, donde pobladores como Cecilia Arias claman por un mayor apoyo y orientación por parte de las autoridades en la recuperación post-inundación.
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