

La reciente advertencia de la Asociación de Aeropuertos Europeos (ACI Europe) ha lanzado una alarma sobre una posible crisis energética que podría afectar significativamente el transporte aéreo en la Unión Europea. Según informó la organización, las aerolíneas están limitadas a un máximo de tres semanas de reservas de combustible en aviones operando en los aeropuertos del bloque, en caso de que no se reabra de manera estable el paso por el Estrecho de Ormuz en ese plazo.
El Estrecho de Ormuz, punto crítico en las rutas de transporte de petróleo y derivados, ha sido escenario de tensiones internacionales recientes que amenazan con interrumpir el flujo de combustibles esenciales. La organización ha alertado en una carta enviada a los responsables europeos de energía y transporte, que si la situación en esa zona no se normaliza en las próximas tres semanas, Europa podría enfrentarse a una escasez sistémica de queroseno para uso aeronáutico.
Aunque los aeropuertos no gestionan directamente la compra y distribución de combustible —que recae en las compañías energéticas—, expertos advierten que esta posible escasez provocaría efectos en cadena en toda la economía continentale, afectando la conectividad aérea, el turismo y las exportaciones de alto valor, sectores clave de la economía europea. En momentos en que se acerca la temporada alta de verano, la advertencia cobra mayor relevancia.
La dependencia de la Unión Europea del petróleo importado desde esta zona estratégica se evidencia en los números: cerca del 40% del queroseno refinado consumido en Europa proviene del Golfo Pérsico, y los buques que transportan este combustible suelen tardar aproximadamente un mes en llegar a las instalaciones europeas. La organización insta a Bruselas a implementar medidas inmediatas, como facilitar las importaciones, coordinar compras conjuntas a nivel comunitario y reforzar las obligaciones de refino dentro de la UE para reducir la vulnerabilidad de su abastecimiento energético.
Además, advierten que la aplicación de regulaciones ambientales, en particular las relacionadas con las emisiones de metano, podría disuadir a proveedores externos de suministrar combustible a Europa, acentuando aún más la crisis potencial. En este escenario, la necesidad de una estrategia autónoma para la seguridad energética se vuelve imperativa, especialmente ante las evidentes limitaciones de la dependencia actual.
El impacto económico de una eventual escasez de queroseno sería considerable: el transporte aéreo aporta aproximadamente 851.000 millones de euros al PIB europeo y sostiene cerca de 14 millones de empleos. La reducción de vuelos y operaciones internacionales afectaría tanto al turismo como a las exportaciones de alta tecnología, lo que agrava la situación en un contexto ya presionado por el encarecimiento del petróleo y las tensiones geopolíticas.
En respuesta a la inquietud, la Comisión Europea ha informado que actualmente recolecta información adicional del sector para evaluar en profundidad la situación y considerar posibles medidas de contingencia. La creciente dependencia de importaciones desde una zona de alta tensión geopolítica expone una vulnerabilidad que la Unión Europea debe afrontar con urgencia, no solo para garantizar el flujo de combustible sino también para reforzar su autonomía estratégica en energía en el mediano plazo.
