
La situación en el Líbano ha alcanzado niveles críticos tras siete días de ofensiva israelí, en el marco de su lucha declarada contra Hezbolá. Con más de medio millón de desplazados, el país se enfrenta a una crisis humanitaria que, según expertos, supera las capacidades del Gobierno libanés y los recursos disponibles de las organizaciones humanitarias. A pesar de la presión internacional, Israel ha persistido en sus bombardeos, incluso en el centro de Beirut, lo que ha dejado un saldo de al menos 394 muertos, incluidos 83 niños. La ministra de Asuntos Sociales de Líbano, Hanine Sayed, detalló que 117,000 personas están refugiadas en más de 500 albergues oficiales, mientras que la población desplazada se enfrenta a la falta de alimentos y servicios básicos, acentuando la emergencia humanitaria.
Paralelamente, el ejército israelí anunció el lanzamiento de 820 ataques, alegando haber neutralizado a 190 supuestos terroristas, aunque sin aportar pruebas. La tensión crece a medida que Hezbolá ha intensificado su participación en el conflicto, tras bombardeos israelíes en zonas estratégicas del sur del Líbano. El temor al desarraigo permanente es palpable entre los desplazados, con recuerdos recientes de anteriores conflictos que dejaron profundas cicatrices. Anne Valand, del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, destacó la gravedad de la situación, con necesidades que superan los recursos disponibles, y advirtió sobre el impacto prolongado que estos desplazamientos pueden tener en las comunidades afectadas. A medida que la crisis se intensifica, el futuro del Líbano y sus habitantes pende de un hilo frágil, condicionado por hostilidades que amenazan con prolongarse.
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