
El 28 de abril de 2025, un episodio inesperado sacudió a la península ibérica: un colapso absoluto del sistema eléctrico dejó a millones de personas en España y Portugal sin suministro energético, marcando un antes y un después en la gestión de infraestructuras críticas. Ahora, un año más tarde, la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) ha arrojado luz sobre las causas de este apagón histórico.
Este no fue un simple fallo aislado. La investigación ha revelado que una «tormenta perfecta» de oscilaciones de frecuencia, deficiencias en el control de tensión y una respuesta desorganizada de los generadores se combinaron fatalmente. Damián Cortinas, presidente del Consejo de Administración de ENTSO-E, destacó que el problema clave no reside en las energías renovables, sino en la gestión inadecuada del control de tensión, un área que ahora es foco central de revisión.
Un equipo de 49 expertos internacionales trabajó sin descanso para entender qué llevó al sistema a un punto de no retorno, donde incluso los mecanismos de defensa activados resultaron ineficientes. Las conclusiones apuntan a tres factores primordiales: el mal funcionamiento de generadores convencionales, la rigidez en los sistemas de energía renovable y la falta de adaptabilidad del Operador del Sistema durante los momentos más críticos.
Adicionalmente, el marco regulatorio vigente en el momento carecía de mecanismos para penalizar incumplimientos en el soporte de potencia reactiva y no exigía respuestas rápidas, complicando aún más el escenario. La desconexión repentina de pequeños generadores intensificó la demanda neta, precipitándose el colapso energético.
ENTSO-E ha presentado un conjunto de recomendaciones con la finalidad de evitar que se repita un incidente de esta magnitud. Estas incluyen la mejora de la coordinación entre transportistas y distribuidores de energía, el robustecimiento de la supervisión en tiempo real y la revisión exhaustiva de los planes de contingencia. Asimismo, se insiste en la necesidad de integrar obligatoriamente las energías renovables en los servicios de regulación de tensión para asegurar que el sistema, cada vez más diverso en su mix energético, sea capaz de responder eficazmente a futuros desafíos.
Este informe no solo sirve como una autopsia del apagón del 2025, sino también como un plan de acción hacia un futuro donde la transición energética debe ir de la mano con la estabilidad y la seguridad de suministro. La tragedia transformada en aprendizaje podría ser, en efecto, el impulso necesario para que las energías renovables y el sistema eléctrico coexistan de manera resiliente y sincronizada en un mundo cada vez más complejo.
