Este martes, en un evento sin precedentes, prácticamente todo Chile quedó sumido en la oscuridad debido a un fallo en una línea de transmisión eléctrica, lo que obligó al presidente Gabriel Boric a decretar el estado de excepción y un toque de queda. Tras siete horas de interrupción, el servicio comenzó a restablecerse, pero la atención recayó en ISA InterChile, la compañía encargada de operar las líneas de alta tensión, propiedad del Grupo ISA de Colombia. Este incidente pone en el centro del debate a una empresa que se enfrenta a tensiones internas entre sus principales accionistas, con divisiones marcadas por desacuerdos sobre la elección de su presidente, una figura rechazada por los accionistas minoritarios.
ISA InterChile achaca el apagón a la «activación no deseada de los esquemas de protección» de la red, desencadenando una desconexión automática que afectó al sistema eléctrico chileno en todo su espectro. Claudio Seebach, decano de Ingeniería y Ciencias de la UAI, lo comparó metafóricamente con un airbag que se despliega sin haberlo deseado. El apagón no está relacionado con la situación interna de Grupo ISA, aunque se suma al contexto de una empresa que ha experimentado cambios administrativos significativos bajo un panorama político en transformación en Colombia. La reciente elección de Jorge Carrillo como presidente, en una votación ajustada y contenciosa, ha resaltado las divisiones internas, y su liderazgo se pondrá a prueba con esta crisis inicial mientras se realizan investigaciones en Chile sobre la actuación de la empresa en el reciente apagón.
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