En los últimos años, Cuba ha enfrentado una situación económica cada vez más precaria. La crisis se ha agudizado tras las recientes acciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien incrementó las sanciones, poniendo en riesgo el abastecimiento de petróleo al amenazar a países que comercian con la isla. Esta medida se suma a un embargo de más de seis décadas por parte de Estados Unidos, intensificando las dificultades que los cubanos ya enfrentaban, como los cortes de electricidad y un colapso en el turismo, crucial para la economía local. Como resultado, más de un millón de cubanos han emigrado en los últimos cinco años, abandonando viviendas que ahora se venden en muchas ventanas de La Habana.
La realidad en Cuba recuerda al llamado «Período Especial» de la década de 1990, cuando la caída de la Unión Soviética dejó a la isla sin un socio económico vital. Cubanos como Osniel, que gestiona apartamentos vacacionales, y Mario Arrastia, un profesor jubilado que necesita cuatro empleos para subsistir, reflejan el ingenio con el que muchos siguen enfrentando el deterioro económico. Sin combustibles y con ingresos menguantes, las familias luchan por adaptarse y sobrevivir, mientras intentan evitar el éxodo forzado por la falta de oportunidades. La continuidad de estas condiciones podría agravar aún más la situación, aumentando la presión sobre una población ya al borde del agotamiento.
Leer noticia completa en El Pais.
