En Corea del Sur, un inesperado terremoto político sacudió al país cuando el presidente Yoon Suk-yeol, sin previo aviso, declaró la ley marcial de emergencia el martes por la noche. Yoon acusó a la oposición de controlar el Parlamento y de actividades antiestatales, vinculándolos incluso con Corea del Norte. Las tensiones se intensificaron cuando el Parlamento, utilizando métodos dramáticos, como extintores para impedir la entrada de tropas, revocó rápidamente la medida en una votación de urgencia. Este acto no solo sorprendió a los propios ciudadanos de Corea del Sur, sino que también alertó a los gobiernos internacionales, dado el delicado contexto geopolítico de la península. Aunque la reversión de la medida fue inmediata, la crisis ha dejado a un país entero en vilo, contemplando la posibilidad de que este episodio marque el fin del mandato de Yoon.
La hazaña política provocó inmediatamente el rechazo tanto de la oposición como de miembros del propio partido del presidente, quienes llamaron a la sociedad y a las fuerzas armadas a oponerse a esta acción. Mientras la coalición opositora planea presentar un proyecto de ley para destituir a Yoon en las próximas 72 horas, el trasfondo de la crisis refleja un complejo entramado político con tintes de venganza y estrategias de poder. El Partido Democrático, actualmente dominante en el Parlamento, había anunciado mociones de censura contra tres fiscales y el presidente de la Junta de Auditoría, en respuesta a investigaciones relacionadas con la primera dama y otros escándalos. Con un Parlamento controlado por la oposición y una popularidad cayendo en picado, Yoon enfrenta un futuro incierto en medio de una economía debilitada y una sociedad enfrentada a múltiples desafíos internos.
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