La reciente operación militar en la vereda Itilla, en el municipio de Calamar, Guaviare, y que resultó en la muerte de al menos siete menores de edad, ha generado una polémica que ha puesto al presidente Gustavo Petro en el centro del debate. Este suceso resuena fuertemente con un evento similar en 2019 durante el gobierno de Iván Duque, en el que también murieron menores en un bombardeo en Caquetá. En aquel entonces, Petro, como senador, cuestionó al gobierno por la muerte de menores, condenando la acción como un crimen de guerra, mientras que ahora, ante una situación similar bajo su administración, defiende la operación militar alegando falta de conocimiento previo sobre la presencia de menores en la zona objetivo. La operación tenía como objetivo neutralizar a 150 guerrilleros que supuestamente podrían haber matado a 20 soldados en caso de no ser confrontados. Sin embargo, la presencia de niños en las filas del grupo liderado por Iván Mordisco era previsible debido a constantes reclutamientos, evidenciado por alertas previas de la Defensoría del Pueblo y datos de reclutamiento proporcionados por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).
El contexto de esta operación y sus consecuencias reflejan la complejidad de la situación de seguridad en el sur de Colombia, donde la confrontación entre grupos armados y las fuerzas militares es una constante. Las cifras actuales indican un aumento significativo en el reclutamiento forzado de menores en el departamento de Guaviare, muchos de los cuales son trasladados desde regiones como Cauca, Nariño y Amazonas para reforzar las tropas del Estado Mayor Central (EMC). A pesar del despliegue militar adicional anunciado a mitad de año, que incluía el envío de más de mil soldados a la región, la operación se realizó con un grupo reducido de 20 hombres bajo el principio de compartimentalizar la información para proteger la misión. Esta estrategia ha sido criticada por no considerar alternativas que minimicen el daño colateral, como el uso de francotiradores o el envío de refuerzos especiales, lo cual pone en entredicho la planificación y ejecución del operativo. Aunque se buscaba capturar a cabecillas de alto valor como alias Jimmy y Pescado, ambos logran escapar, dejando importantes interrogantes sobre la gestión y resultado de estas tácticas militares.
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