
Un reciente relevamiento realizado en las playas bonaerenses revela una problemática que sigue en aumento: la cantidad de basura plástica en el litoral. La investigación, impulsada por la Red Costera Bonaerense (RECOBO), que reúne a instituciones no gubernamentales y gubernamentales de 17 municipios, muestra que el 78,36% de los residuos encontrados en las playas son plásticos. Estos datos representan un incremento respecto al año anterior, cuando el porcentaje había sido del 74,05%.
El estudio abarcó 17 puntos del litoral y contó con la colaboración de 457 voluntarios y 50 instituciones, quienes recorrieron más de 172 mil metros cuadrados de playas. La instancia de análisis fue fundamental para entender la magnitud del problema y para definir las prioridades en materia de conservación y prevención.
Dentro de los residuos, los fragmentos plásticos constituyen el ítem más frecuente, con un 27,32%. Se trata de micro y macro fragmentos provenientes de la degradación de objetos de mayor tamaño, que al no ser biodegradables, se fragmentan en piezas cada vez más pequeñas, incluyendo los microplásticos identificados como una grave amenaza para la fauna marina y la salud humana.
Las colillas de cigarrillo representan también un porcentaje importante, con el 21,34% del total, y contienen acetato de celulosa, un plástico que libera sustancias tóxicas y que afecta a aves, tortugas y mamíferos marinos, que muchas veces ingieren estos residuos por confusión o por accidente. Además, aparecen envoltorios, bolsas plásticas y telgopor, todos elementos que, sumados, generan una carga contaminante significativa en el ambiente costero.
Las especies marinas, en particular tortugas y aves, son las más afectadas por esta basura. La confusión de las tortugas con plásticos y bolsas, así como la ingestión de micro y macro residuos, provoca obstrucciones intestinales, desnutrición y cuadros fatales. En el caso de las aves, los residuos generan debilidad, parálisis e incluso infecciones, como el botulismo, que se potencia en ambientes alterados por la presencia constante de basura.
Es importante destacar que la problemática trasciende las costas argentinas. La Organización de las Naciones Unidas advierte que la producción mundial de plásticos supera los 430 millones de toneladas por año y que entre el 80 y 90% de los residuos marinos están compuestos por plásticos, en su mayoría de un solo uso. La persistencia de estos materiales en el medio ambiente y su capacidad de fragmentarse en micro y nanoplásticos hace que su impacto sea global y difícil de revertir.
Las cifras también reflejan la gravedad del fenómeno a niveles personales. Estudios recientes indican que cada persona ingiere el equivalente a una tarjeta de crédito en microplásticos a la semana, provenientes de alimentos, agua y aire contaminados. Los compuestos químicos utilizados en su fabricación, muchos tóxicos y prohibidos, están relacionados con trastornos hormonales, problemas metabólicos y otros efectos en la salud humana.
El problema no solo afecta a la fauna sino también a la economía local y a la calidad de vida de las comunidades costeras. La presencia de redes de pesca abandonadas, enredos y lesiones en animales marinos, además de representar un riesgo para la biodiversidad, generan daños a actividades como la pesca y el turismo, además de elevar costos en rescate y recuperación de especies afectadas.
Desde RECOBO alertan que, si bien se han intensificado campañas de concientización y acciones de limpieza, la reducción del uso de plásticos y la gestión adecuada de residuos siguen siendo los desafíos principales. La organización trabaja en fortalecer políticas públicas y en incentivar cambios en los hábitos sociales para disminuir la dependencia de productos desechables y promover la reutilización y el reciclaje.
Mientras tanto, los ecosistemas marinos continúan siendo víctimas de la persistencia y expansión de los plásticos. Los hallazgos de los últimos años, que muestran un aumento en la cantidad y diversidad de residuos, hacen evidente la urgencia de actuar con mayor contundencia. La protección de la biodiversidad y la salud de las comunidades costeras requiere un compromiso colectivo que trascienda los límites locales y nacionales, poniendo en marcha medidas concretas para reducir la contaminación en el mar y en las playas.
