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Consejos de expertos para eliminar agua del oído y prevenir infecciones tras nadar

El agua atrapada en el

Con la llegada del verano y la temporada de actividades acuáticas en pleno apogeo, muchas personas acuden a las playas, piletas o ríos para refrescarse y disfrutar del sol. Sin embargo, uno de los problemas que aumenta en estos meses es la presencia de agua atrapada en el oído después de nadar, un fenómeno que, si no se trata adecuadamente, puede derivar en complicaciones de salud que afectan la audición y generan molestias incómodas.

La acumulación de agua en el canal auditivo es algo relativamente común y suele solucionarse con maniobras sencillas. No obstante, los especialistas en otorrinolaringología advierten que es fundamental evitar remedios caseros riesgosos o el uso de objetos extraños, como hisopos, que muchas personas emplean sin conocimiento. La anatomía del conducto auditivo, que presenta curvas y una anchura limitada en algunos casos, dificulta que el agua pueda salir por sí sola, incrementando el riesgo de infecciones.

“La estructura del canal auditivo, con sus curvas y susceptibilidad a estrecharse por ciertos factores como exostosis (crecimiento óseo adicional ocasionado por exposición prolongada al frío) o tapones de cera, hace que el agua quede atrapada con más facilidad,” explica Peter Carew, especialista en otorrinolaringología, en una entrevista. La presencia de agua retenida, además de la incomodidad, puede erosionar la piel del conducto y facilitar la entrada de bacterias, desembocando en una otitis externa, conocida popularmente como “el oído del nadador”.

Este tipo de infecciones son más frecuentes en niños y en adultos que realizan actividades acuáticas con regularidad. Los síntomas suelen incluir dolor, picazón, enrojecimiento y, en algunos casos, fiebre. Cuando la sensación de oído tapado persiste durante más de dos o tres días o aparece secreción, el consejo de los especialistas es acudir a un otorrino para una evaluación. La automedicación, en este caso, puede empeorar la situación.

Para aliviar la incómoda sensación, los expertos recomiendan maniobras físicas simples. Por ejemplo, inclinar la cabeza de lado o, en algunos casos, hacer leves golpes en el oído o presionar suavemente el trago, con la finalidad de facilitar la salida del agua. Estos métodos, en general, funcionan si no hay lesiones previas o perforación del tímpano. En paralelo, distribuir la gravedad inclinando la cabeza o intentando succionar el agua con una leve presión en el oído puede ser útil.

En el ámbito doméstico, se sugiere además el uso de gotas de alcohol diluido en agua o alcohol sanitario a bajas concentraciones, aplicadas con precaución siguiendo las indicaciones. La evaporación del líquido ayuda a secar el canal y prevenir infecciones. Sin embargo, tanto el alcohol como otras soluciones caseras como vinagre y alcohol en partes iguales deben usarse con cautela, siempre verificando que el oído esté en buen estado y sin heridas.

También se emplea el secador de cabello en baja temperatura y a distancia prudente, siempre asegurándose de que el aire no esté muy caliente ni dirigido directamente hacia el conducto. Este método puede acelerar la evaporación del agua atrapada, pero nunca reemplaza las maniobras físicas ni debe usarse si existe alguna lesión o dolor.

El uso de objetos introducidos en el oído, como hisopos o cucurchos de papel encendidos, ha sido categóricamente rechazado por los profesionales. Además de empujar el agua hacia el interior, estos objetos pueden dañar la delicada piel del canal y facilitar infecciones. La recomendación es evitar cualquier intento de limpiar el oído con objetos para prevenir complicaciones mayores.

Para protegerse durante las actividades acuáticas, se aconseja el empleo de tapones específicos o gorros solo bajo recomendación médica. También es importante evitar nadar en aguas contaminadas o tras lluvias intensas, especialmente en ríos o lagos, donde la presencia de bacterias puede incrementar el riesgo de infecciones. Las piscinas tratadas adecuadamente representan un menor peligro, siempre que se mantengan los protocolos sanitarios adecuados.

Si los síntomas persisten más allá de unos días o si aparecen signos de infección severa, como dolor intenso, secreción purulenta o fiebre, consultar rápidamente a un especialista resulta imprescindible. La evaluación temprana puede prevenir complicaciones y garantizar una recuperación sin mayores transtornos, permitiendo así disfrutar de las joyas del verano sin preocupaciones excesivas en torno a la salud auditiva.

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