
El trágico accidente ferroviario del tren Iryo en Adamuz, Córdoba, el 18 de enero de 2026, dejó un saldo de 46 víctimas mortales y un sinfín de interrogantes. Según la declaración del maquinista, el conductor apenas fue consciente de la magnitud del siniestro hasta que abandonó su cabina y encontró a una persona fallecida en el vagón 6. En su testimonio ante la Guardia Civil, el maquinista relató que entre las múltiples alarmas del ordenador de a bordo percibió tirones anormales y movimiento en el cable de la catenaria, lo que le llevó a activar el freno de emergencia. Durante este confuso episodio, su compañero, otro maquinista que viajaba como pasajero, se subió al techo del vagón 8 para ayudar a evacuar a los afectados, destacando la ausencia de cámaras de seguridad en la cabina del tren.
El incidente se complicó con la noticia de que otro tren había descarrilado en un túnel cercano, lo que aumentó el desconcierto sobre las causas del accidente del Iryo. El maquinista, con licencia desde 2016 y empleado de Iryo desde 2022, manifestó no haber sobrepasado la velocidad regulada y agregó que había revisado el tren antes de su partida, encontrando todo en orden. Aunque no presentó hipótesis concluyentes, sugirió que el impacto recibido podría haberse debido a una rotura del carril o que el otro tren estuviese previamente descarrilado. Por su parte, el segundo maquinista describió el dramático momento de la colisión y su rápida acción para socorrer junto a otros pasajeros. La investigación del siniestro aún sigue abierta, enfocada en posibles fallas estructurales en la vía.
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