
La Audiencia Provincial de Castellón ha dictado sentencia contra cinco exmiembros de la secta La Chaparra, condenándolos a penas de entre tres años y medio y siete años de prisión por diversos delitos de abusos sexuales. Los condenados, entre los cuales se encuentran la pareja sentimental y la nuera del fallecido líder Antonio Garrigós, conocido como el tío Toni, fueron identificados como autores, cooperadores necesarios o cómplices de los abusos. A pesar de que los procesados enfrentaron cargos de abuso sexual, el tribunal los absolvió por falta de pruebas en varias infracciones similares y les exoneró del delito de asociación ilícita. Además, se les ordenó indemnizar a las víctimas con un total de 55.000 euros. El juicio, que ha sido uno de los más complejos y prolongados celebrados en Castellón, expuso los horrores experimentados por las víctimas durante los años en que funcionó la secta, desde 2007 hasta 2022.
Los testimonios presentados durante las 16 sesiones del juicio revelaron la doble realidad de La Chaparra: un entorno supuestamente idílico para unos mientras que, para otros, era un lugar de coacción y abuso disfrazado de prácticas espirituales. Antonio Garrigós, fallecido mientras cumplía prisión preventiva, convencía a sus seguidores de sus falsos poderes sanadores, que implicaban rituales sexuales con él. Tanto las defensas de los acusados como los testimonios de las víctimas han ofrecido versiones contrapuestas sobre la vida dentro de la secta. Mientras las defensas alegaron que las acusadas actuaban bajo la total influencia del gurú, las víctimas detallaron los abusos cometidos, incluso desde la infancia, en nombre de un propósito espiritual que buscaba la creación de «seres de luz». En este entorno de manipulación y control psicológico, los testigos y peritos en el juicio subrayaron la vulnerabilidad y confusión de los adeptos, que fueron sometidos a abuso bajo el manto de una comunidad que supuestamente tenía un fin sanador y espiritual.
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