En Estados Unidos, la elección del presidente y vicepresidente no se realiza de forma directa a través del voto popular, sino por medio del Colegio Electoral, un sistema único diseñado para garantizar que todos los estados tengan un peso significativo en el proceso electoral. Este método busca equilibrar el poder entre estados más y menos poblados, asignando un número de votos electorales a cada estado que se basa en su número de representantes legislativos, el cual está, a su vez, determinado por la cantidad de población que alberga. Este sistema puede resultar en situaciones donde un candidato obtiene más votos populares a nivel nacional pero no alcanza la mayoría de los votos electorales necesarios para ganar la presidencia.
Para las elecciones del 5 de noviembre, el papel del Colegio Electoral será nuevamente crucial en la decisión del próximo líder del país. Se evalúa quiénes son los votantes decisivos en cada estado, lo que convierte este proceso en una batalla estratégica por asegurar los votos electorales necesarios. Mientras tanto, medios como EL PAÍS contribuyen a informar al público sobre las particularidades de este método, explicando cómo funciona y qué implicancias puede tener en la determinación del ganador electoral. La atención del electorado está puesta no solo en los comicios, sino también en el análisis de un sistema que sigue siendo objeto de debate y estudio en el panorama político estadounidense.
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