

En la búsqueda por promover hábitos que fortalezcan la salud cardiovascular, la atención a las señales mínimas que nuestro cuerpo nos brinda puede marcar la diferencia entre una vida sin complicaciones y la aparición de eventos graves. Recientes recomendaciones de expertos en cardiología resaltan la importancia de incorporar en la rutina diaria la práctica sencilla pero poderosa de tomarse el pulso, como una herramienta fundamental para detectar arritmias, en particular la fibrilación auricular, que es la alteración del ritmo cardíaco más frecuente en la población adulta.
El Dr. Daniel López Rosetti, reconocido cardiólogo, explicó en su columna semanal en Infobae en Vivo que la mayoría de las personas desconocen si padecen alguna alteración en el ritmo de su corazón, ya que muchas arritmias son asintomáticas. Sin embargo, estas irregularidades, si no se detectan a tiempo, pueden evolucionar hacia condiciones mucho más severas, como insuficiencia cardíaca o incluso un accidente cerebrovascular (ACV). Por ello, él insiste en convertir la medición del pulso en un acto cotidiano y accesible, capaz de anticipar problemas y reducir riesgos.
El corazón, como explicó López Rosetti, es un órgano de tan solo quinientos gramos que realiza una labor impresionante: en una hora, bombea aproximadamente 300 litros de sangre, moviendo cinco litros por minuto a través de todo el cuerpo. La clave para detectar irregularidades en su función reside en monitorear su ritmo eléctrico, que puede ser evaluado fácilmente mediante la toma de pulso en el domicilio.
Para ello, el especialista recomienda ubicar una arteria grande, como la arteria radial en la muñeca, y presionar suavemente con los dedos índice y medio, evitando el pulgar, que posee su propio ritmo. La técnica correcta consiste en contar los latidos durante 15 segundos y multiplicar por cuatro para obtener los latidos por minuto. Un pulso regular indica un corazón que funciona en armonía; en cambio, si el ritmo es irregular, presenta un patrón incómodo o se ausenta algún latido, es momento de consultar a un profesional.
La fibrilación auricular, una de las arritmias más comunes, es particularmente peligrosa, pues las aurículas tiemblan en su actividad eléctrica, enviando señales erráticas al resto del corazón. Esto puede favorecer la formación de coágulos en la sangre, que si viajan al cerebro, causan accidentes cerebrovasculares. López Rosetti señala que muchas de estas complicaciones se originan en una detección tardía, por lo cual advierte que un control rutinario en consulta médica, acompañado de un electrocardiograma, puede salvar vidas.
El electrocardiograma, comparado por el médico con cámaras que observan una partida desde diferentes ángulos, permite visualizar la actividad bioeléctrica del corazón. Cuando se detecta alguna anomalía, como la fibrilación auricular, las opciones de tratamiento frecuentemente incluyen medicación anticoagulante y, en algunos casos, otros procedimientos para normalizar el ritmo. La atención temprana y la medición sencilla del pulso en casa ofrecen una oportunidad invaluable para actuar antes de que las complicaciones se vuelvan irreversibles.
López Rosetti también hizo hincapié en cómo realizar correctamente la toma del pulso, aclarando que no debe hacerse con el pulgar, debido a su propio latido, sino usando los dedos índice y medio en la arteria radial, ubicada en la muñeca. La práctica regular de esta autoevaluación puede alertar sobre irregularidades en el ritmo, como los latidos que faltan o se presentan de forma irregular, permitiendo acudir a un especialista con tiempo suficiente para diagnosticar y tratar a tiempo.
En conclusión, el cardiólogo remarca que una acción tan sencilla como tomarse el pulso puede marcar la diferencia en la prevención de complicaciones graves. La detección precoz de arritmias es una estrategia efectiva y accesible que puede evitar desde largos períodos de insuficiencia hasta traumatismos por accidente cerebrovascular. La conciencia sobre su importancia, sumada a controles médicos periódicos, refuerza la voluntad de cuidar el corazón como el órgano vital que impulsa la vida misma.
