
Cloudflare, una de las empresas más influyentes en la infraestructura de internet, se encuentra en el centro de atención tras un significativo apagón global que ocurrió el 18 de noviembre de 2025. El incidente, que provocó que millones de usuarios alrededor del mundo no pudieran acceder a numerosos sitios web, no fue el resultado de un ciberataque como inicialmente se sospechó, sino de un fallo interno en su propia red.
Según el extenso informe técnico publicado por la compañía, el desperfecto se inició a las 11:20 (UTC) con un fallo masivo que generaba errores HTTP 5xx, fruto de un cambio en los permisos de uno de sus sistemas de bases de datos. Este problema originó un fichero de configuración inesperadamente grande, causando que el módulo de gestión de bots fallara y, como consecuencia, afectando el proxy central.
El CEO de Cloudflare admitió que fue “el peor apagón desde 2019” y lo calificó de “inaceptable” debido a la relevancia de la empresa en el entorno digital global. La causa se rastreó hasta un archivo de características duplicadas, lo que sobrepasó los límites de software y causó una paralización en cadenas.
Aunque en un inicio se pensó que podría tratarse de un ataque de denegación de servicio, el patrón del fallo fue intermitente, lo que dificultó el diagnóstico. Eventualmente, el error se estabilizó en un estado permanente hasta que los ingenieros lo resolvieron al revertir cambios y restablecer los servicios afectados.
El alcance del impacto fue notable, afectando no solo a su principal servicio de CDN y seguridad, sino también a otros productos dependientes como Workers KV, Cloudflare Access y el sistema de protección Turnstile. La compañía reconoció también un mal funcionamiento en su página pública de estado, lo que complicó la situación.
Cloudflare ha aprendido de esta debacle y ha prometido implementar mejoras significativas para prevenir futuras ocurrencias. Estas medidas incluyen el fortalecimiento en la gestión de ficheros internos, la adición de interruptores globales para modular el servicio sin colapsos, y el ajuste de sus herramientas de diagnóstico para evitar que agraven las situaciones de error.
La transparencia con la que Cloudflare ha manejado el incidente es vista como un acto responsable, revelando la fragilidad del ecosistema digital moderno y la importancia de una comunicación abierta en caso de interrupciones. El caos del 18 de noviembre se plantea no solo como un desafío técnico, sino como un recordatorio de la dependencia crítica que el mundo tiene de un número limitado de proveedores de infraestructura digital.
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