La última película del director italiano aborda la cultura de la cancelación con una trama que busca ser más ingeniosa de lo que realmente es. Situada en un entorno de laboratorio, la película intenta explorar las complejidades y contradicciones de esta problemática contemporánea, pero su enfoque termina siendo superficial. Sin embargo, la actuación de la protagonista, una Roberts en pleno dominio de su arte, se destaca como el elemento más fuerte y convincente de la producción.
Roberts logra imprimir su sello en una narrativa que, aunque pretende ser profunda, no alcanza a profundizar en las implicaciones sociales de su tema central. A pesar de un guion que flaquea en su intento de mantenerse relevante y astuto, la presencia de la actriz eleva el material, ofreciendo al público momentos de auténtica conexión emocional. Esta combinación de elementos convierte a la película en una propuesta ambigua, donde una interpretación brillante se enfrenta a una trama que no cumple sus promesas intelectuales.
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