
Caracas ha comenzado a recuperar cierta normalidad tras los recientes eventos que sacudieron a la nación, marcados por la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, a manos de operativos estadounidenses. En respuesta, el chavismo rápidamente designó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, buscando asegurar la continuidad gubernamental. Sin embargo, en las calles de la capital prevalece el silencio y la cautela habituales de los primeros días del año. Las filas en supermercados y gasolineras reflejan un impulso de aprovisionamiento ante la incertidumbre que trae el cambio de mando. Los ciudadanos, aunque discretos en sus comentarios, expresan una mezcla de preocupación y escepticismo sobre el futuro político del país.
El escenario en Caracas es abrumador, con un despliegue de colectivos armados en zonas estratégicas de la ciudad, en respuesta a un llamado del Gobierno a la resistencia. Mientas algunos sectores permanecen sin electricidad tras los ataques, las aerolíneas han comenzado a reanudar sus vuelos, aunque bajo un aviso de riesgos por la actividad militar en la región. En el ámbito internacional, el presidente estadounidense Donald Trump ha manifestado su apoyo a la nueva dirigencia interina, con una advertencia sobre las posibles consecuencias de no seguir el «camino correcto». La situación ha intensificado la retórica antiestadounidense del Gobierno venezolano, cuyo ministro de Defensa ha prometido emplear todo el poder militar para garantizar la soberanía del país, en medio de un ambiente tenso e incierto.
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