En medio de la creciente tensión comercial entre Estados Unidos y sus socios, el reciente anuncio de Donald Trump sobre la imposición de aranceles del 25% a automóviles, acero y aluminio ha sacudido el panorama económico global. Aunque Canadá logró esquivar inicialmente los aranceles recíprocos del 10% que afectan a numerosos socios comerciales de Estados Unidos, no pudo librarse de estas nuevas tasas más elevadas. En respuesta, el primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció medidas de represalia imponiendo un arancel similar del 25% a los automóviles estadounidenses que ingresen a Canadá, a menos que estén cubiertos por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), lo que promete aumentar las tensiones comerciales y podría desatar una guerra comercial en toda regla.
Mientras Trump presentaba su plan de aranceles más agresivo contra economías como China y la Unión Europea, Carney se encontraba en una reunión estratégica con el Consejo de Relaciones Canadá-Estados Unidos. Al término de la reunión, declaró su intención de combatir vigorosamente estos gravámenes estadounidense con «contramedidas» para proteger a los trabajadores canadienses. Las primeras repercusiones han sido inmediatas, afectando a la planta de Stellantis en Windsor, que ha cerrado temporalmente debido al impacto económico esperado. Con la convocación de elecciones para el próximo 28 de abril y el panorama incierto que plantea esta estrategia comercial, Carney insiste en su compromiso de construir una economía sólida y mantener la unidad nacional en tiempos de crisis.
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