
El calentamiento global no solo afecta a la atmósfera y los océanos, sino también al suelo terrestre, uno de los componentes menos estudiados del sistema climático. Recientes investigaciones revelan que el suelo del planeta se está calentando a un ritmo sin precedentes en milenios, acumulando entre 16 y 21 zettajulios de calor desde 1960, lo que equivale al consumo energético global durante 30 años. A diferencia de los océanos, que almacenan casi el 90% del calor, el suelo retiene entre el 5% y el 6%. La capacidad calorífica de la roca es mayor que la del aire, lo que permite que el calor acumulado alcance profundidades significativas, afectando a largo plazo el equilibrio térmico de la corteza terrestre.
Este calentamiento del suelo está teniendo diversas repercusiones, particularmente en las regiones árticas, donde el deshielo del permafrost está liberando grandes cantidades de carbono, y en zonas más al sur, donde podría acelerar la aridización global. Un suelo más caliente contribuye a intensificar las olas de calor y está alterando los ecosistemas del subsuelo, lo que obliga a las comunidades de microorganismos a adaptarse, migrar o enfrentarse a la extinción. Estas conclusiones, resultado de la combinación de datos geotérmicos con mediciones satelitales y de superficie, subrayan la necesidad de incluir al suelo en las investigaciones sobre el cambio climático.
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