La borrasca Leonardo ha dejado una sorprendente huella en la ciudad de Sevilla con fuertes vientos que han alcanzado velocidades de más de 70 kilómetros por hora la madrugada del jueves, provocando la caída de una de las cuatro azucenas que decoran la famosa Giralda de la ciudad. Esta estructura de piedra y bronce, cuya caída tuvo lugar alrededor de las 6:15 de la mañana desde una altura de 69 metros, no dejó víctimas personales, pero generó inquietud entre los ciudadanos y visitantes. A pesar de este incidente, el cabildo decidió abrir la torre a los visitantes después de una inspección técnica, manteniendo un perímetro de seguridad para garantizar la seguridad. Según el arquitecto conservador de la catedral, Miguel Ángel López, el incidente fue provocado por un defecto oculto que resultaba indetectable a través de las inspecciones regulares que se efectúan como parte del plan preventivo de la conservación de la catedral.
El contexto del incidente ha generado debate sobre las medidas de seguridad en torno a uno de los monumentos más emblemáticos de Sevilla. José Miguel Puerta Víchez, catedrático de Historia del Arte, expresó su sorpresa y sugirió que este episodio sirva de experiencia para asegurar mejor los elementos vulnerables, dado que fenómenos meteorológicos como los de Leonardo podrían repetirse. Asimismo, José Manuel Baena, presidente de la asociación de defensa del patrimonio Ben Baso, plantea la necesidad de una mayor supervisión sobre las decisiones relacionadas con el mantenimiento de la catedral, dada su condición de patrimonio de la humanidad. Mientras tanto, el equipo de expertos de la catedral continúa con las revisiones para descartar otros posibles defectos estructurales, y se plantea la posibilidad de adelantar los trabajos de restauración pendientes en el remate renacentista de la Giralda, dada la actual situación.
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