El expresidente brasileño Jair Bolsonaro fue trasladado a prisión preventiva tras un controvertido incidente con la tobillera electrónica que monitorea sus movimientos. Durante una audiencia llevada a cabo este domingo, Bolsonaro explicó que manipuló el dispositivo debido a alucinaciones provocadas por una mezcla de medicamentos, creyendo que albergaba un micrófono. Esta acción despertó sospechas sobre un posible intento de fuga, lo que llevó al juez Alexandre de Moraes a ordenar su encarcelamiento. Acompañando la decisión estuvieron las preocupaciones por una vigilia reciente organizada alrededor de su residencia, incrementando las sospechas de evasión. Bolsonaro, quien había estado bajo arresto domiciliario desde agosto para impedir su huida antes de un juicio, negó haber planeado escapar, aclarando que todo se trató de un malentendido derivado de efectos secundarios de su medicación.
El caso de Bolsonaro, sentenciado a 27 años de prisión por planear un golpe de Estado contra su sucesor, Luiz Inácio Lula da Silva, ha captado la atención a nivel nacional e internacional. Lula, comentando desde Johannesburgo durante la cumbre del G-20, afirmó que la justicia brasileña ha actuado respetando el derecho a la presunción de inocencia de Bolsonaro. En respuesta al creciente interés mediático y político, el juez permitió las visitas familiares al expresidente, incluyendo a su esposa Michelle Bolsonaro y a algunos de sus hijos, aunque destacadamente excluyó a Eduardo y Laura de dichas visitas. Mientras tanto, las tensiones se intensifican en Brasilia, con el contexto político socavado por las implicaciones del caso y, previsiblemente, una rápida resolución de la última apelación que definirá el futuro penal de Bolsonaro.
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