

El consumo de pescado y mariscos, a menudo presentado como un pilar necesario para una alimentación saludable, sigue siendo un desafío para muchas personas. Aunque numerosos estudios y organismos de salud resaltan los beneficios de ingresar estos alimentos con frecuencia en la dieta—gracias a su carga de proteínas, omega-3, vitamina D y otros nutrientes esenciales—los números muestran que la realidad dista mucho de las recomendaciones oficiales.
Un estudio reciente publicado en la revista Foods analizó cómo cambió el hábito de consumir estos productos durante la primera etapa de la pandemia de COVID-19, entre marzo de 2020 y marzo de 2021. La muestra fue de 1.200 adultos, y los datos evidencian que, aunque el 90% de los encuestados consumía productos del mar en algún momento, solo el 18,9% lograba cumplir con la recomendación de comer pescado al menos dos veces por semana. Antes de la pandemia, esa proporción era aún menor, alcanzando un 16,6%.
El análisis revela que no se produjo una caída drástica en el consumo, sino más bien una estabilización con una ligera tendencia a mejorar. Sin embargo, lo que llama la atención es que casi el 75% de los encuestados mantuvo su patrón de consumo sin cambios en ese período. Esto indica que, independientemente del contexto de crisis sanitaria, persistió una dificultad estructural y cultural para incorporar estos alimentos con mayor regularidad en la dieta diaria.
Para quienes sí aumentaron su ingesta, las motivaciones principales tuvieron que ver con la salud, siendo el 44,5% quienes declararon que esa fue la razón. En estos casos, el interés por los beneficios cardiovasculares, cerebrales y óseos asociados con el omega-3 y otros nutrientes es una motivación potente, respaldada por instituciones como la Cleveland Clinic. La especialista Julia Zumpano explica que estos ácidos grasos tienen beneficios relevantes para la salud, pero advierte que la incorporación efectiva en la alimentación requiere también superar obstáculos relacionados con el sabor, la olor, y las dificultades logísticas para preparar el pescado en casa.
Uno de los hallazgos destacados del estudio fue cómo, en la práctica, la compra digital y las entregas a domicilio se convirtieron en canales esenciales para acceder a productos del mar durante la pandemia. El 64% de las personas que hacían compras por internet incluían pescado o mariscos en sus pedidos, y en los kits de comida, esa cifra alcanzaba el 61,1%. Sin embargo, la confianza en la calidad del producto, el temor a que llegue en mal estado, o la preferencia por elegirlo personalmente, son factores que aún actúan como barreras para quienes prefieren ir a la tienda o mercado.
Asimismo, el costo elevado y las dificultades de preparación en casa aparecen como barreras recurrentes. La dificultad de encontrar variedad, la percepción del encarecimiento y las dudas sobre qué especie comprar y cómo prepararla aportan a ese escenario. La “brecha” de acceso y familiaridad con las diferentes variedades de pescado y su modo de cocción continúa limitando su consumo, a pesar de la evidencia de que su inclusión frecuente puede ser un factor clave para una mejor salud.
No solo la disponibilidad y el precio juegan un papel. La experiencia en la cocina doméstica también influye. Algunas personas rechazan el pescado por cuestiones de olor o sabor, lo que reduce las posibilidades de que se convierta en un alimento habitual en sus hogares. La preferencia por productos convenientes y la percepción de que la preparación requiere tiempo y habilidades específicas contribuyen a mantener esas barreras.
A pesar de estas dificultades, el estudio señala que la mayoría de quienes modificaron su consumo, en sentido de aumentarlo, lo hicieron motivados por el interés en mejorar su salud, reforzando la importancia de la educación y la difusión de conocimientos sobre los beneficios de estos alimentos. La clave, parece, reside en seguir promoviendo información clara y accesible, así como en facilitar el acceso a variedad de productos en condiciones seguras y asequibles.
En definitiva, aunque la percepción pública reconoce los beneficios del pescado y los mariscos, todavía existe un largo camino para que los hábitos alimentarios reflejen esas recomendaciones. La combinación de factores económicos, culturales y logísticos requiere intervenciones integrales que puedan transformar las posibilidades en realidades cotidianas, logrando que el consumo regular de estos alimentos deje de ser una excepción y pase a ser una norma en la mesa de muchas familias.
