
El Banco Central Europeo (BCE) ha optado por mantener los tipos de interés sin cambios en su última reunión, reafirmando su posición a la espera de evaluar el impacto de la reciente guerra en Oriente Próximo sobre la economía de la Eurozona. En este contexto, la entidad ha elevado su previsión de inflación en siete décimas, situándola en un 2,6% para este año, mientras que ha recortado su previsión de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) a un 0,9%. Este ajustado pronóstico refleja la creciente preocupación por la incertidumbre generada por el conflicto bélico y el posible bloqueo del estrecho de Ormuz, vital para el comercio global de energía.
A pesar de estos desafíos, el BCE se muestra confiado en su capacidad para gestionar la situación actual, destacando que la inflación se mantiene cercana a su objetivo del 2% a medio plazo. La tasa de inflación general se situó en un 1,9% en febrero, y el consejo de gobierno del BCE considera que las expectativas de inflación a largo plazo están ancladas de manera firme. Sin embargo, el banco central advierte que un desabastecimiento prolongado de petróleo y gas podría intensificar la inflación, afectando las proyecciones de crecimiento. La entidad reitera que sus decisiones seguirán siendo guiadas por la información futura sobre la guerra y sus efectos en la economía de la región.
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