

La enuresis nocturna, conocida como la pérdida involuntaria de orina durante el sueño, afecta a aproximadamente uno de cada seis niños de cinco años, con un impacto significativo en su bienestar emocional y social. Aunque este fenómeno es parte del desarrollo normal, su persistencia puede requerir atención especializada.
Sara Esparza, experta en fisioterapia del suelo pélvico de la Policlínica Gipuzkoa, subraya que la enuresis se caracteriza por la incapacidad de controlar la orina en niños mayores de cinco años, afectando a entre el 10% y 15% de los infantes. Aunque la mayoría de los casos se resuelven naturalmente, el persistente impacto emocional exige una intervención temprana.
El control de la continencia nocturna es un proceso complejo que involucra a la vejiga, el sistema nervioso y la musculatura del suelo pélvico. Determinados niños experimentan fallos en esta coordinación debido a una inmadurez en los mecanismos neurológicos responsables del control vesical.
Existen dos tipos principales de enuresis: la primaria, donde el niño nunca ha logrado la continencia, y la secundaria, que surge tras un periodo de sequedad de al menos seis meses. Factores físicos y emocionales, como infecciones o cambios significativos en la vida del niño, pueden desencadenar estos episodios.
La fisioterapia ofrece tratamientos eficaces, empezando por una educación comprensiva sobre el control vesical para los niños y sus familias. Establecer rutinas, como restringir líquidos antes de dormir y garantizar que el niño vacíe la vejiga antes de acostarse, puede resultar beneficioso. Sistemas de alarma que advierten sobre la presencia de orina ofrecen un apoyo adicional, enseñando al niño a detectar y gestionar la necesidad de orinar.
El entrenamiento del suelo pélvico mediante ejercicios y técnicas de biofeedback es otro enfoque crucial, mejorando la conciencia corporal y la coordinación neuromuscular. En casos con síntomas diurnos, se puede integrar la neuromodulación del nervio tibial posterior y raíces sacras para reforzar los resultados.
El éxito de estas estrategias es prometedor, con mejorías observadas en aproximadamente un 70% a 80% de los casos. Sin embargo, el tiempo necesario para percibir cambios varía, desde tres a seis meses, dependiendo de la gravedad del caso.
Esparza recalca la importancia de consultar con el pediatra ante cualquier sospecha de enuresis persistente. La colaboración entre pediatras, urólogos, fisioterapeutas y, ocasionalmente, psicólogos, es esencial para ofrecer un tratamiento integral que mejore la calidad de vida de los niños afectados y sus familias.
