
En Portugal, las elecciones presidenciales han captado inesperadamente la atención de un electorado que tradicionalmente muestra mayor interés en los comicios legislativos. Este 18 de enero, once millones de ciudadanos están llamados a votar para elegir al sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, quien ocupó la presidencia durante una década. En esta reñida contienda, la participación a mediodía ya alcanzó un 21,18%, superando significativamente el 17% que se registró en 2021, un indicio de que el interés en estos comicios ha crecido. Las elecciones cobran especial interés debido a la posibilidad de que el ultraderechista André Ventura y el almirante retirado Henrique Gouveia e Melo pasen a una segunda ronda, lo cual añadiría un capítulo a la historia democrática del país desde la Revolución de los Claveles.
Los candidatos enfrentan una carrera atípica y muy disputada, con rostros nuevos que han emergido con fuerza. António José Seguro, retirado de la política desde hace diez años, ha sorprendido por la resurrección de su popularidad, convirtiéndose en uno de los favoritos hacia la segunda vuelta. Por su parte, el liberal João Cotrim de Figueiredo ha captado atención gracias a una campaña virtualmente eficaz, aunque enfrenta la sombra de polémicas personales y errores que podrían afectar su desempeño. En el lado derecho del espectro político, además de Ventura, el apoyo del primer ministro a Luís Marques Mendes es otro elemento decisivo dentro de una derecha fragmentada entre tres contendientes. La jornada electoral promete redefinir el mapa político portugués con unos resultados que se aguardan con gran expectación.
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