

En julio de 2025, la economía española sigue enfrentando una escalada en los precios de consumo, revirtiendo parcialmente la tendencia de estabilización que parecía consolidarse en meses anteriores. El Instituto Nacional de Estadística (INE) reveló que la inflación interanual alcanzó el 2,7%, aumentando en cuatro décimas respecto a junio, cuando la tasa fue del 2,3%. Este repunte se atribuye principalmente al encarecimiento de la energía eléctrica y los carburantes, elementos que han añadido presión a las finanzas familiares en un contexto de recuperación económica.
Aunque la variación mensual fue de solo un 0,1% a la baja respecto a junio, representa la primera caída después de nueve meses consecutivos de incrementos mensuales, lo que podría ofrecer cierto alivio a los consumidores en medio de un escenario de inflación persistente. Sin embargo, las cifras revelan que el coste de la vida sigue creciendo a un ritmo que no les permite a los hogares españoles recuperar plenamente su poder adquisitivo.
Desde el análisis del IPC y el IPCA, se observa que la inflación subyacente –que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados por su marcada volatilidad– tuvo un aumento del 2,3%. Este indicador refleja que, aunque la subida de precios en general se moderó momentáneamente, la tendencia no muestra un descenso claro, y el impacto en las economías domésticas continúa siendo significativo.
Una de las principales causas del incremento en julio fue la subida del coste de la electricidad. Según el INE, a diferencia de julio del año pasado, cuando el precio de la energía experimentó una disminución notable, en 2025 la electricidad se ha encarecido, impulsando así el crecimiento del índice general. La subida en los carburantes, que también contribuyó en mayor medida, ha agravado aún más la situación, dificultando que los hogares puedan ajustar sus presupuestos de manera efectiva.
La realidad para la clase trabajadora se refleja en el hecho de que, si bien sus salarios se acercan a los niveles de 2019, aún están lejos de recuperar el poder adquisitivo que tenían hace 15 años. La pérdida acumulada se estima en hasta 1.200 euros por familia, una cifra que evidencia cómo la inflación erosiona la capacidad de consumo pese a los avances en empleo y salarios que se registran en el país.
El Ministerio de Economía señala que la evolución de la inflación en España es compatible con un ritmo activo de crecimiento económico. El Ejecutivo destaca que, gracias a una creación constante de empleo y a subidas salariales, las familias están logrando recuperar parcialmente su capacidad de compra. Este escenario, además, sitúa a España en una posición relativamente más sólida en comparación con otros países europeos que enfrentan mayores desafíos económicos y mayores tasas de inflación.
A nivel de perspectivas, el avance mensual y anual de los precios indica una continuidad en la tendencia inflacionaria, aunque con una ligera moderación. La recuperación del poder adquisitivo y la estabilidad de precios son considerados fundamentales por las autoridades para mantener el crecimiento económico y evitar que los costes elevados perjudiquen la recuperación post-pandemia.
En definitiva, a pesar de ciertos signos de alivio, la inflación continúa siendo un reto para los hogares españoles. La dificultad para que los salarios acompañen el aumento de los precios mantiene a muchas familias en una situación de vulnerabilidad económica, donde siguen perdiendo poder de compra año tras año. Mientras tanto, las cifras reflejan la importancia de políticas que trasladen la estabilidad de precios a una mejora concreta en la calidad de vida de la población.
