

La escalada del conflicto en Oriente Medio continúa expandiéndose más allá de las fronteras de la región, afectando de manera significativa a economías y sectores productivos en Europa, América y Asia. En particular, la situación ha tenido un impacto directo en los costes de producción agrícola en diversos países, donde agricultores y ganaderos denuncian un aumento considerable en los precios de insumos básicos, impulsado principalmente por la volatilidad en el mercado del petróleo y sus derivados.
Desde España, por ejemplo, los representantes del sector agrícola alertan que, desde el comienzo de las hostilidades, el precio del gasóleo agrícola ha experimentado un incremento del 41%. Adicionalmente, el costo del fertilizante nitrogenado, esencial para la producción, se ha elevado en un 20%, lo que representa un sobrecoste anual cercano a los 890 millones de euros. Estos aumentos, aclaran, no corresponden a una escasez tangible sino a una reacción especulativa en los mercados, donde los distribuidores trasladan al productor los riesgos potenciales derivados de la coyuntura geopolítica.
Según la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), gran parte del stock de insumos y combustibles adquiridos por los agricultores fue comprado antes del estallido del conflicto. Sin embargo, los precios ya reflejan una tendencia al alza atribuida a la expectativa de escasez, aunque en la actualidad no exista una reducción efectiva en el volumen de suministros. La explicación radica en que muchos actores del mercado han asumido riesgos futuros y, para cubrirse, están incrementando los costos de los stocks existentes, en un movimiento que algunos califican de especulativo.
Por otro lado, la atribución de estos incrementos a un hipotético bloqueo del Estrecho de Ormuz, donde transita una parte significativa del crudo del mundo, ha sido materia de debate. Aunque algunos argumentan que la tensión en esa vía marítima justifican una subida del 41% en los precios del gasóleo, los datos muestran que España importa entre el 75% y el 83% de su petróleo desde fuentes que no viajan por esa ruta, como Estados Unidos, Nigeria, y Arabia Saudí. De hecho, Estados Unidos, con un 22-25% del mercado, y Nigeria, con un 12-15%, son los principales suministradores, y no cruzan por la zona afectada.
A pesar de ello, la incertidumbre generada por la guerra sí se refleja en el incremento de costos en otros insumos relacionados, como el fertilizante nitrogenado. En la última semana, su precio subió un 20%, traduciéndose en un sobrecoste de más de 100 euros por tonelada, situación que genera un impacto adicional de aproximadamente 190 millones de euros anuales en el sector agrícola. La dependencia de Marruecos y Argelia, principales proveedores de estos insumos en España, hace que la situación se vuelva aún más vulnerable si las tensiones en Oriente Medio se profundizan.
Expertos y organizaciones del campo exigen acciones concretas por parte de las autoridades nacionales y europeas. La COAG ha pedido que la Comisión Nacional de Mercado y Competencia (CNMC) investigue posibles prácticas abusivas y especulativas por parte de algunos actores económicos, que aprovechan el contexto de tensión para maximizar beneficios. Además, se reclama una intervención gubernamental para regular los precios y evitar que las incertidumbres internacionales se traduzcan en una crisis económica para los productores.
Mientras tanto, en localidades como Rota, en el sur de España, la población observa con relativa calma los acontecimientos en Oriente Medio, aunque las preocupaciones sobre el impacto en el abastecimiento y los precios siguen presentes. El conflicto, que ya ha superado el marco regional, se ha convertido en un factor determinante en la economía agrícola, evidenciando cómo las tensiones geopolíticas pueden modificar de manera significativa los costos y la rentabilidad de sectores básicos para la alimentación global.
