La tragedia que ha conmocionado a Hong Kong tuvo lugar en el complejo residencial Wang Fuk Court en el distrito de Tai Po, donde un devastador incendio causó la muerte de al menos 128 personas y dejó a 79 heridas, de las cuales una decena se encuentran en estado crítico. Este incendio, el más mortífero en la historia reciente de la región, comenzó en la planta baja de Wang Cheong House y rápidamente se propagó a través de los siete rascacielos de la urbanización. La investigación se centra en la rápida expansión de las llamas, favorecida por el uso de poliestireno en las ventanas que, al arder, rompieron los cristales permitiendo el ingreso del fuego a las viviendas. A pesar de que las redes sociales se han llenado de muestras de apoyo y solidaridad, el sentimiento dominante entre los sobrevivientes y vecinos es de indignación, puesto que muchos consideran el evento un resultado de la negligencia y exigen responsabilidades a las autoridades y empresas involucradas.
Mientras los equipos de rescate trabajan sin tregua, las autoridades investigan el papel de la empresa de construcción encargada de las obras en los edificios, que en 2023 ya había recibido sanciones por infracciones de seguridad. Los residentes del complejo, en su mayoría ancianos, están consternados y preocupados por el futuro, incluso si las viviendas se rehabilitan. Mientras tanto, la aseguradora del complejo ha ofrecido compensaciones significativas para hacer frente a los daños. La urbanización, parte del programa de vivienda subvencionada del Gobierno, tiene un alto número de residentes vulnerables debido a la edad y a la estructura de las viviendas pequeñas y altamente pobladas, lo que complica las operaciones de búsqueda y aumenta el miedo entre los sobrevivientes. Esta catástrofe pone en evidencia los desafíos de seguridad y planificación urbana en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo.
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