

Usar el aire acondicionado junto al ventilador permite reducir el consumo eléctrico en verano sin sacrificar el bienestar térmico. El principio es sencillo: el ventilador distribuye el aire frío por toda la habitación, lo que permite que el termostato se ajuste a temperaturas más altas y el equipo trabaje menos horas.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recomienda fijar el termostato entre 26 y 27 grados en lugar de los 22 o 23 que muchos usuarios eligen por defecto. Mantener temperaturas demasiado bajas no solo aumenta la factura eléctrica, sino que también puede provocar golpes de calor al salir al exterior. Apoyarse en el ventilador mejora la sensación de frescor sin necesidad de bajar más la temperatura.
La diferencia de consumo entre ambos aparatos es relevante. Un ventilador funcionando 800 horas al año consume aproximadamente 10,4 kWh, mientras que un aire acondicionado en el mismo período puede consumir unos 392 kWh, casi 38 veces más. En términos económicos, el funcionamiento del aire acondicionado durante varias horas diarias puede añadir entre 30 y 90 euros al mes en la factura. Combinar los dos aparatos permite que el acondicionador trabaje a menor intensidad y durante menos tiempo.
Junto a esta combinación, otras medidas complementan el ahorro. Cerrar persianas y cortinas gruesas durante las horas de mayor calor evita que el sol caliente directamente las paredes. Ventilar de forma cruzada por las noches, cuando la temperatura exterior baja, refresca la vivienda sin encender ningún aparato. Y un buen aislamiento térmico en paredes y ventanas reduce la cantidad de calor que entra desde el exterior, algo especialmente relevante en edificios con baja calificación energética.
Los expertos también advierten de los errores más comunes. Intentar enfriar rápidamente una habitación poniendo el termostato muy bajo aumenta el consumo sin acelerar el resultado, ya que el aire acondicionado no funciona más rápido por ello. Mantener temperaturas constantes es más eficiente y alarga la vida útil del equipo. Si la vivienda está en proceso de mejora, las reformas integrales en Madrid incluyen habitualmente partidas de climatización y aislamiento térmico.
El ventilador distribuye el aire frío con mayor eficacia, permitiendo que el termostato se fije a 26-27 ºC en lugar de 22-23 ºC. El acondicionador trabaja menos horas y el consumo total baja.
Un ventilador funcionando 800 horas al año consume unos 10,4 kWh. Un aire acondicionado en el mismo período puede llegar a 392 kWh, casi 38 veces más.
La OCU aconseja fijar el termostato entre 26 y 27 ºC en verano. Por debajo de esa franja el gasto sube sin mejorar significativamente el confort, y los cambios bruscos de temperatura al salir al exterior pueden afectar a la salud.
Cerrar persianas y cortinas durante las horas de mayor sol, ventilar de forma cruzada por las noches y mejorar el aislamiento de paredes y ventanas son medidas que reducen la necesidad de refrigeración mecánica y complementan el ahorro del binomio aire acondicionado-ventilador.
