Hilvanó su existencia tejiendo recuerdos desde la niñez, marcada por la imagen de un caballito de cartón que simbolizaba los primeros sueños e inocencias. Este viaje vital lo llevó a conocer primero a los poetas, figuras llenas de misterio y profundidad que, antes de la poesía misma, dejaron una huella imborrable en su alma joven. Cada encuentro fue un paso más en su camino de descubrimiento personal, donde las palabras empezaron a cobrar vida a través de las voces que las recitaban. El ambiente literario al que fue expuesto sirvió como un crisol en el que se forjaron sus primeras inquietudes artísticas y donde la curiosidad, como un río desbordado, encontró su cauce natural.
La interacción temprana con los poetas le permitió una aproximación íntima a la esencia de la poesía, viéndola no solo como un arte escrito, sino como una expresión de vida en cada verso. La influencia de esas figuras literarias fue decisiva al moldear su percepción del mundo, enseñándole que la belleza y el dolor son partes inseparables del tejido de la realidad. Así, en el constante hilvanar de su vida, el recuerdo de un caballito de cartón y las voces de los poetas resonaron como un legado imperecedero, guiándolo hacia su propio entendimiento del arte y la existencia.
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