

En un giro que marca un antes y un después en su política migratoria, Andorra ha aprobado una serie de reformas legales que modifican significativamente los requisitos para residir en el Principado. La decisión, que forma parte de un ambicioso plan de crecimiento sostenible, busca equilibrar la atracción de talento, inversión y perfiles privilegiados con un control más estricto sobre las condiciones de entrada y permanencia en el territorio.
Desde su tradicional imagen como un paraíso fiscal con ventajas fiscales para quienes buscaban reducir su carga tributaria, Andorra ha elevado ahora los estándares para los inmigrantes, especialmente aquellos que desean residir sin actividad laboral activa. Una de las medidas más polémicas fue la transformación del depósito reembolsable de 50.000 euros que, pasará a ser una contribución definitiva al Estado, sin posibilidad de recuperación, y que aumenta en función del número de familiares dependientes, sumando 12.000 euros por cada uno.
Las nuevas reglas también endurecen las condiciones para quienes aspiren a obtener residencia pasiva, aquella que no implica empleo en la economía local. La inversión mínima requerida para acceder a esta categoría se eleva a un millón de euros en activos del país, o bien 800.000 euros en propiedad inmobiliaria. Alternativamente, existe la opción de invertir 400.000 euros en un fondo destinado a la vivienda local, mecanismo que fomenta el desarrollo inmobiliario y la economía del país, aunque con restricciones.
Asimismo, la normativa impone límites en el tiempo que los residentes pueden permanecer fuera del país. Para mantener el estatus, deberán residir efectivamente al menos 183 días al año en Andorra, sin dejar de lado una serie de excepciones que pretenden atraer perfiles específicos, como deportistas de élite, artistas reconocidos o científicos de interés que podrán mantener ventajas anteriores.
Los perfiles profesionales también enfrentan nuevas exigencias. Los autónomos, empresarios y trabajadores por cuenta propia deberán demostrar una inversión mínima de 50.000 euros y controlar la mayoría del capital en sus empresas radicadas en Andorra. Además, deben ejercer funciones directivas y demostrar una actividad económica tangible en el país, buscando así garantizar que la presencia en territorio andorrano responde a intereses económicos genuinos.
La reforma no se limita a los inversores y profesionales. Los permisos temporales para empleados de empresas extranjeras también se reducen a un máximo de 12 meses, salvo en casos de interés general, y siempre requiriendo cobertura de seguro médico y seguro contra accidentes laborales. La Agencia de Desarrollo continúa fortaleciendo los controles administrativos, ampliando las causales para cancelar permisos de residencia, incluyendo fraude, incumplimientos en la reagrupación familiar y condiciones no cumplidas.
Este conjunto de medidas refleja una intención clara por parte del Gobierno de Andorra de consolidar un modelo migratorio que priorice la calidad, la sostenibilidad y la contribución económica del residente. Solo los partidos más progresistas, como el Partido Socialdemócrata y Concòrdia, mostraron resistencia a estos cambios, mientras que la mayoría ha señalado que la nueva legislación busca garantizar un crecimiento ordenado y responsable en el pequeño país pirenaico.
Con estas modificaciones, Andorra se prepara para un escenario en el que la entrada y permanencia de nuevos residentes requerirá mayor compromiso económico y cumplimiento de requisitos específicos, en un intento por mantener su equilibrio entre atractivo fiscal y control migratorio.
