
Carlos Alsina dedicó su monólogo de este jueves en Más de Uno (Onda Cero) a la figura de José Luis Ábalos y a la guerra soterrada que sacude al PSOE a raíz del caso mascarillas y de la supuesta reunión secreta entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi en 2018. Lo hizo con su estilo habitual: arrancando con una historia de cine clásico para acabar en el corazón de la política española.
El periodista abrió la mañana recordando el rodaje de La reina de África y la relación entre Katharine Hepburn y Humphrey Bogart. A partir del libro que la actriz escribió sobre la película, Alsina destacó una frase atribuida a ella: Bogart “odiaba todo lo falso”, hasta el punto de detestarse a sí mismo cuando empezó a usar bisoñé.
Desde ahí, construyó una metáfora: el equipo de rodaje termina expulsando al mecánico del barco Queen porque se ha convertido en un problema, celebran su marcha… y al día siguiente descubren que el barco se ha hundido en el río. El único que vio la vía de agua fue el propio mecánico, que se bajó para no ahogarse.
Ese relato sirve a Alsina para dar el salto a la política española: el “mecánico jefe de la sala de máquinas de Ferraz” en 2018, dice, era José Luis Ábalos, entonces mano derecha de Sánchez en el partido y en el Gobierno.
El monólogo repasa a continuación la situación judicial del exministro de Transportes. Alsina recuerda cómo la Fiscalía Anticorrupción solicita 24 años de prisión para Ábalos en la primera pieza del caso mascarillas, una pena sensiblemente superior a la de otros implicados que han confesado.
Según el relato del locutor, el sumario dibuja a un Ábalos que, recién llegado al Gobierno tras la moción de censura de 2018, ya se movía en el entorno de Víctor de Aldama —presentado como “corruptor confeso”— y de su exasesor Koldo García Izaguirre, con el diputado Santos Cerdán como otro de los engranajes políticos de aquella etapa.
Alsina subraya también el contraste entre la gravedad de las peticiones de cárcel y el hecho de que Ábalos haya permanecido en libertad con medidas cautelares durante toda la investigación, situación que ahora podría endurecerse a las puertas del juicio oral.
En ese contexto, el periodista enlaza con la exclusiva publicada por El Español sobre una presunta reunión clandestina en mayo de 2018 entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi en un caserío del País Vasco. Según esa versión, Sánchez habría viajado acompañado por Santos Cerdán, con Koldo García como conductor.
Alsina enumera las reacciones en cadena:
En ese tablero irrumpe el movimiento que da título al monólogo: el tuit de José Luis Ábalos, que Alsina describe como una “cerbatana” dirigida a Moncloa y Ferraz. En ese mensaje, el exministro afirma que supo de la reunión “por persona o personas que estuvieron allí”, dando por hecha la cita entre Sánchez y Otegi.
A partir de ese tuit, Alsina plantea una lectura política: si Ábalos formaba entonces un tándem estrecho con Sánchez, es razonable pensar —sugiere— que cualquier noticia de esa importancia habría sido contrastada directamente con el propio líder socialista.
El subtexto que el locutor ve en el mensaje del exministro es doble: por un lado, da por cierta la reunión; por otro, deja caer que quien hoy la niega pudo haberla confirmado en privado en su momento.
La reacción del Gobierno llega de la mano de la vicepresidenta María Jesús Montero, que, preguntada por los periodistas, insiste en que hay personas que, “cuando llegan a los juzgados, se instalan en las mentiras”, aunque añade que no ha escuchado la declaración de Ábalos. Después, el argumentario socialista evoluciona hacia la idea de que el exministro, por su edad y por la presión judicial, podría no estar en su mejor momento.
Alsina ironiza con esa doctrina cambiante sobre la credibilidad de los investigados: si el imputado es Ábalos, hay que presumir que miente; si es el fiscal general o un familiar del presidente, la sospecha debe recaer en quien acusa. Una “sólida doctrina gubernativa”, dice con sarcasmo, que decide quién merece credibilidad según convenga en cada caso.
El monólogo se adentra después en el terreno de las motivaciones. Alsina admite que tanto Ábalos como Koldo tienen un historial de versiones contradictorias y medias verdades. Sin embargo, plantea la cuestión central: si la reunión con Otegi no existió, ¿por qué habrían decidido inventársela precisamente ahora?
Entre las posibles interpretaciones, sugiere que el mensaje pueda ser una forma velada de presión sobre el presidente del Gobierno: un aviso de que, si quieren, pueden “montarle un follón” sostenido en relatos difíciles de desmentir del todo. O, en términos más políticos, una forma de recordar que aún conservan munición narrativa que puede incomodar a Moncloa en un momento delicado del caso mascarillas.
Según Alsina, en Ferraz y en la Moncloa se preguntan también “de qué va todo esto” y qué esperan conseguir Ábalos y Koldo: ¿un gesto de protección? ¿Una intervención discreta ante la Fiscalía? ¿Un cambio de trato público por parte del partido que les ha apartado?
El monólogo se cierra volviendo al hilo inicial. Así como el equipo de La reina de África celebró la expulsión del mecánico del barco hasta que el Queen se hundió en el río, Alsina sugiere que el PSOE pudo pensar que se quitaba un problema político apartando a Ábalos… para descubrir ahora que el “mecánico” tiene todavía capacidad de dañar el casco desde fuera.
Y como remate, recupera la advertencia del médico tropical a Katharine Hepburn sobre el lago contaminado por parásitos y excrementos, trasladando la metáfora al escenario actual: Pedro Sánchez como capitán en un lago político lleno de aguas turbias, donde cada movimiento de sus antiguos colaboradores puede abrir nuevas vías de agua.
El resultado es un monólogo que mezcla relato cinematográfico, crónica judicial y análisis político para dibujar un cuadro incómodo para el Gobierno: un exministro herido, un antiguo asesor insumiso, un caso de corrupción en marcha y una supuesta reunión con Otegi que, exista o no, se ha convertido ya en un arma arrojadiza dentro y fuera del PSOE.
