La inflación general ha experimentado una desaceleración significativa, reduciéndose en ocho décimas hasta situarse en el 1,5%. Esta tendencia refleja un alivio en las presiones inflacionarias que habían preocupado a la economía durante los últimos meses. Las autoridades económicas señalan que esta moderación responde, en parte, a la estabilización de los precios de la energía y a una ligera mejora en las cadenas de suministro globales. A pesar de estos datos alentadores, algunos analistas advierten que la situación sigue siendo frágil y que futuros cambios en el escenario internacional podrían impactar nuevamente en la dinámica de precios.
Por su parte, la inflación subyacente, que excluye elementos más volátiles como alimentos y energía, también mostró una reducción, bajando tres décimas hasta alcanzar el 2,4%. Este indicador es especialmente observado por los economistas, ya que ofrece una visión más estable de las tendencias inflacionarias subyacentes en la economía. El descenso sugiere que, a pesar de las presiones inflacionarias previas, los fundamentos económicos están comenzando a estabilizarse. No obstante, las autoridades monetarias mantienen la cautela, indicando que seguirán monitorizando de cerca la evolución de estos índices para ajustar políticas si fuera necesario, buscando asegurar un crecimiento económico sostenido y equilibrado.
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