

En una reciente entrevista exclusiva en el programa Infobae a la Tarde, la doctora Juana Poulisis, médica psiquiatra especializada en trastornos alimentarios, compartió su preocupación acerca de cómo la obsesión por el cuerpo y la estética han evolucionado a lo largo del tiempo, alcanzando niveles alarmantes. Poulisis señaló que esta obsesión con la imagen corporal no es un fenómeno nuevo, sino que forma parte de un proceso histórico que, en la actualidad, ha llegado a una gravedad sin precedentes.
Según la especialista, las generaciones actuales enfrentan una presión estética cada vez más intensa, exacerbada por el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial. “La obsesión con el cuerpo es histórica y creo que cada vez estamos peor en ese aspecto”, afirmó Poulisis. La médica explicó que los modelos de extrema delgadez se han naturalizado en la sociedad, al punto de que no siempre resulta saludable su aceptación. “Con el cuerpo, con el paso del tiempo, cada vez se naturalizan más estos modelos. Si yo como médica mido ese cuerpo, no está funcionando saludablemente”, advirtió.
La reflexión de Poulisis se apoya en datos que evidencian la tendencia creciente en la edad de comienzo de los trastornos alimentarios. La doctora comentó que en los consultorios, la edad de inicio se ha ido reduciendo; hoy en día, niños desde los ocho años ya muestran indicios de estas patologías o están en riesgo de desarrollarlas. Un ejemplo concreto fue el caso de un niño de diez años que quería imitar a un reconocido futbolista, creyendo que, al comer menos y hacer gimnasia, lograría tener ese cuerpo. “Se despertaba a la madrugada para hacer abdominales y flexiones”, relató Poulisis, quien advirtió que, aunque no todos los niños desarrollan trastornos alimentarios por influencias externas, los «disparadores» son más accesibles y ocurren a edades más tempranas.
La problemática también afecta a los varones, quienes presentan una particularidad: la patología en ellos suele ser egosintónica, es decir, no la perciben como una enfermedad y, en general, no consultan a menos que la situación sea severa o la familia intervenga. Poulisis explicó que los jóvenes hombres pueden padecer tanto anorexia severa como dismorfia muscular, una obsesión por un cuerpo más grande, algo que en su caso se denomina “dismorfia inversa”.
La realidad en torno a los trastornos alimentarios en mujeres adultas también presenta una tendencia preocupante. Poulisis destacó que cada vez son más frecuentes los casos de mujeres mayores, de cincuenta o sesenta años, que conviven con anorexia o episodios de purgas diarias, llegando en algunos casos en estado de descompensación clínica. “Las tasas son altas y estos trastornos tienen una mortalidad muy elevada, ya sea por suicidio o por deterioro clínico”, advirtió. La escasez de profesionales especializados en adultos mayores fue otra de las cuestiones que resaltó la especialista, quien apuntó que en la actualidad hay pocos médicos y psicólogos dedicados a atender estos casos en esa población.
En sus recomendaciones, Poulisis enfatizó en la importancia de promover una alimentación balanceada y evitar prohibiciones tajantes. “La nutrición ha cambiado. Los chicos se encuentran con el dulce mucho más tempranamente. En la casa, si es libre de ultraprocesados, un cumpleaños puede ser muy difícil para ellos”, explicó. La clave, según la psiquiatra, es encontrar un equilibrio: “El camino del medio, ni blanco ni negro”, y no demonizar ciertos alimentos, permitiendo que los pequeños tengan experiencias alimentarias variadas.
Sobre la duración de los tratamientos, Poulisis afirmó que puede extenderse hasta siete años en casos complejos, dado que no solo implica un cambio en los hábitos alimenticios, sino también un trabajo profundo en los rasgos de personalidad y el entorno familiar. “Hay que trabajar en equipo para acompañar al paciente en su recuperación”, concluyó.
El aumento de los casos en población infantil, adolescente y adulta evidencia la gravedad del problema y la necesidad de una mayor atención y sensibilización social. La influencia de las redes sociales y la tecnología parece haber intensificado la presión por cumplir con ciertos ideales estéticos, lo que pone en evidencia la importancia de promover el bienestar emocional y una percepción más saludable del cuerpo desde una edad temprana.
